Gran persona, gran historia. (Fuente de la imagen: propia)

María Carreño: “Los bares no deberían estar tan limitados. Están mejor preparados que muchos comercios”

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Hablamos con una trabajadora nata que, a los 71 años, sigue con su vida laboral como si tuviera 20

Por Judit Vázquez

Hoy hablaremos con María Carreño, una señora que, a sus 71 años, se puede considerar una veterana en la vida. Ella nació en L’Hospitalet del Llobregat el 9 de junio de 1949 y vivió su infancia en el barrio de Collblanc. Ha trabajado como peluquera, zapatera y dependienta en un mercado, entre otras profesiones, pero actualmente se dedica a repartir pan y pastas por algunos bares y restaurantes de Barcelona. Aunque las medidas de movilidad y los horarios sean un gran obstáculo, ella hace su trabajo diariamente poniendo todo su corazón para que todo siga adelante. María explica que, después de tantos años trabajando, dejar de hacerlo sería la peor decisión que podría tomar. 

Buenos días María. En primer lugar, ¿qué restricción por el COVID le ha afectado más?

Es una pregunta muy dura, pero lo que más me ha dolido es estar en casa encerrada sin poder ir a donde me gusta o sin la posibilidad de ver a mis hijos. Ya me he acostumbrado, pero la primera vez que nos confinaron lo pasé fatal porque soy una mujer muy activa.

Usted vivió el franquismo, ¿se podrían comparar las restricciones de movilidad con las reglas impuestas durante la dictadura?

Absolutamente. Me atrevería a decir incluso que había más libertad que hoy en día. No viví la época en que Franco hizo esas barbaridades que me contaban mis padres así que me eduqué con sus conductas y me parecían correctas. En cambio, lo que hoy por hoy está ocurriendo es un “control a todas bandas” por parte del Gobierno.

¿Cuánto le ha afectado la pandemia del uno al diez?

Un 8 o un 9.

Teniendo en cuenta que trabaja para la hostelería, ¿cómo ha perjudicado la crisis del COVID a su trabajo?

Me gustaría remarcar algo que me parece muy mal. La economía está sobre la cuerda floja innecesariamente. Más de la mitad de mis clientes han cerrado, y los que no lo han hecho todavía, me piden mucho menos género, y es normal. ¿Quién va a levantarse a las 8 de la mañana para ir a tomarse un croissant tranquilo sin escuchar que se tiene que ir? Hay más contagios que nunca, y los bares están cerrados 20 horas al día. ¿Cómo se explica esto?

Por otro lado, me gustaría darle todo mi apoyo a esa gente que tiene que cerrar sus negocios sin poder remediarlo. Gracias a Dios yo me voy aguantando pero no sé qué haré si esto dura mucho más… 

Conozcamos más a fondo a María y sus historias de cuando era joven:

Anexo: una vida impensable hoy en día.

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