Hoy en día, existen como mínimo 4.845 personas sin hogar en Barcelona (Fundació Arrels). Fotografía: Unsplash
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La pobreza en Barcelona tiene diferentes caras e historias

Recorremos las calles del centro de la ciudad con el fin de conocer las vidas que hay detrás de situaciones de necesidad

Por: Loreto Roura, Júlia Martínez, Ana Sofía Olivares y María Castán

En este reportaje descubriremos qué hay detrás de la vida de las personas que carecen de recursos, en especial de las que te encuentras día a día por las calles.

Anduvimos por las calles de Barcelona con la finalidad de encontrarlos, para concienciarnos a nosotras y a la gente de nuestro entorno de lo que realmente se sufre cuando uno se encuentra en este tipo de situaciones.

Todos tenemos una historia que contar. En este caso todos los entrevistados han tenido una vida muy impactante, lo que hace reflexionar.

La primera a la que conocimos fue Joana, una mujer de mayor edad sin extremidades a causa de una terrible desgracia, un accidente de tráfico que tuvo con su marido, ella sobrevivió pero él falleció en su ciudad natal de Rumanía. 

Al poco tiempo emigró con su hija pequeña a España en busca de un futuro mejor o una segunda oportunidad, donde ha estado viviendo durante 15 años. Al no tener papeles, Joana no puede trabajar, por eso ella se tiene que quedar en la calle pidiendo limosna mientras que su hija y sus nietos trabajan para poder mantener el pequeño piso en el que viven. El único motivo por el que ella sigue luchando y su pilar fundamental es su familia.

Además, nos comentó que agradece muchísimo los actos de bondad y generosidad de las personas. Cada vez que la gente se acerca a darle algo de comida o cualquier otro tipo de recurso útil para ella, le encanta que le den un tema de conversación, pues esta es una manera de entretenerse y de contar su historia. Finalmente nos remarcó la manera en que se subía sola a su silla de ruedas, ya que era bastante complicado al no tener extremidades.

Nos impresionó la manera en la que nos explicaba su historia, se emocionaba cada vez que la contaba, lo que nos hacía sentirnos parte de ella. Hablaba de su familia de manera especial y quedamos paralizadas cuando explicó que el pasarse el día entero en la calle era para que sus nietos pudieran estudiar en la universidad.

Seguidamente conversamos con Peters, un chico joven, húngaro, sin ningún tipo de esperanza de encontrar un oficio, lo cual nos desconcertó un poco por la edad que tenía y porque no tiene ningún tipo de problema físico o de salud.

Pasa los días con su perro Tucus, quien le hace compañía y le entretiene. Nos contó que en Hungría era chef pero por una causa desconocida tuvo que mudarse a España. Al no tener DNI, papeles o dinero se le hace complicado encontrar trabajo. No tiene familia en Barcelona, lo que le obliga a dormir abrigado con una ligera manta en la calle.

Tenía pocas ganas de hablar, no lo vimos con mucha motivación de encontrar un trabajo, de hecho estaba dormido. Sentía que la vida de alguna manera le había rechazado y que no había remedio a su problema así que no le veía sentido a conseguir sus propósitos.

El próximo con el que hablamos fue Vasile, un hombre de unos 50 años aproximadamente. Este hombre tiene dificultades graves para encontrar trabajo, pues tiene problemas físicos en las piernas. Concretamente sufre una luxación congénita de la rodilla, lo que provoca que éstas se doblen para el lado contrario. Este hombre lleva con la discapacidad física desde que nació, pues se trata de una malformación que se produce al momento de nacer.

Vasile no tiene los recursos para encontrar un trabajo ya que tuvo que emigrar de Rumanía para venirse a España en busca de un futuro mejor.Desde entonces lleva casi una década en la calle intentando hacer lo que sea para su bien.

Finalmente encontramos a Daniel, un hombre de 41 años.

Tiene ojos azules, pelo color gris claro, sobre el cual lleva un gorro de lana a rayas que le aislaba del frío de estos días de octubre.

Daniel vivía un caso más diferente que el de los demás, pues no tenía un lugar donde residir ni dormir, lo cual le hacía recurrir al uso del cartón para pasar las noches. Su caso fue el más particular de los que nos encontramos, generalmente todos acababan en estas situaciones a causa de no tener los papeles ya que no eran del país. Daniel en cambio sí que lo era. 

Vivía una vida normal rodeado de su familia y amigos; iba al colegio, económicamente su familia estaba estable, en general nunca le había faltado de nada hasta que decidió contar su gran intimidad. Daniel era homosexual, pensó que su familia lo aprobaría pero no fue así. Su madre y su hermano no dudaron en echarlo de casa. En ese momento ya era mayor de edad, por lo que tenían total libertad de hacerlo. 

Así fue como Daniel comenzó a deambular por las calles de Barcelona en busca de comida o dinero. Lleva en esta situación 19 años y aún no ha perdido la esperanza, confía en encontrar trabajo de cualquier modo.

Esta experiencia nos hizo reflexionar. A lo mejor la mayoría de personas que se encuentran sin hogar ni recursos no se debe al hecho de que no quisieron estudiar o desaprovecharon sus oportunidades sino a que detrás de ellos hay una historia impactante que no solemos conocer. Como es el caso de la mayoría de ellos: Joana, Daniel, Vasile, Peters… Todos desean poder hacer algo con sus vidas, desean poder trabajar y esforzarse, el problema es que tienen alguna dificultad que se lo impide.

Redactors Juniors

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